martes, 10 de septiembre de 2013

Somos islas sin alas


Somos islas sin alas
ancladas a la deriva
de las mañanas claras
de cielos entre comillas.

Somos voz de la parca
sombra de aquellos días
olvidados en la larga
agonía de la risa.

Somos la más barata
de las radiantes baratijas.

Somos la más cara
de las raras melodías.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Hoy vi...


Hoy vi un paraguas negro
durmiendo en la vereda
tan triste y olvidado
que parecía muerto.
Y ensayé para nosotros
algunos tristes versos.
Los escribí en la mañana,
con humo y con viento,
sin rima y sin pericia,
por falta de tintero.
Hablaban de un París viejo
que vos y yo nunca tuvimos,
pero perdimos en silencio.
Ese París que nunca tendremos,
donde viviremos cuando viejos,
azul de tanta calle gris,
mojado de tanto cuento,
tan tuyo y tan mío,
tan grande,
tan pequeño.
Pero di un paso
y luego otro,
empujado por el sueño.
Y en cada paso dado
se fueron diluyendo
mis versos inútiles
dejando en mis dedos
tu piel de mañana
en la mañana
donde duermes
en silencio.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Entonces pasa que

    Entonces pasa que te acostumbrás a no estar a la altura. Será que el metro setenta y poco es de verdad poco cuando se trata de estar a la altura de la que tanto hablan. Será que vivís en la altura, pero esos mil seiscientos metros sobre el nivel del mar que te acunaron al nacer son poquitos cuando hablás de la luna. Será que te lo repitieron una y otra vez a lo largo y lo ancho de los años. Te lo dijo una y otra vez con la mirada la madre de la niña rubia que querías con locura. Te lo dijo el reflejo mentiroso de tus propios ojos esa noche de tormenta, whiskey, Redondos y heridas abiertas. Te lo dijo la primera vez que dejaste los pantalones cortos. Te lo dijo un día de noviembre la primera vez que volviste a ponértelos porque no tenías otros. Te lo dijo la segunda vez que dejaste los pantalones cortos sabiendo que te van mejor los otros, pero insistiendo porque sos terco, terco como una mula.

    Entonces encendés otro pucho, releés lo que escribiste y te das por satisfecho. Es exactamente lo que esperabas: confuso y corto.

    Entonces pasa que negás tu propio enunciado. Será que estar a la altura no está a la altura de lo que opinan los locos. Será que tenés poco de poeta, pero mucho de lo otro.